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Durante el mes de junio y mitad de julio Milena Contreras realizó la primera parte del ciclo El Arte del Buen Vivir: Residencias Locales en Platohedro. Este ciclo surge como un llamado a la reflexión y a la búsqueda de alternativas ante las crisis que experimentamos en nuestros contextos, para imaginar juntxs otros modos de relacionarnos con y entre los seres vivos, no vivos y nuestros entornos por medio del arte, apoyando a creadorxs de la ciudad de Medellín y Valle de Aburrá.


Partiendo de la idea de que el Arte del Buen Vivir se construye por medio de una relación consciente con el pasado, la artista inició su proceso de investigación y creación por medio de la consulta de archivos sobre el conflicto armado en Colombia, revisando bibliografía especializada y fuentes locales disponibles en la Biblioteca Pública Piloto y Periferia Prensa Alternativa.


Esta búsqueda fue organizada de acuerdo con las cuatro etapas propuestas por el Informe ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad del Centro Nacional de Memoria Histórica (2014). Estas son:


La violencia bipartidista se transforma en violencia subversiva (1958-1982)


Expansión guerrillera, políticas de paz y eclosión paramilitar (1982-1996)


Los años de la tragedia humanitaria: la expansión de guerrillas y paramilitares, el Estado a la deriva y la lucha a sangre y fuego por el territorio (1996-2005)


Las AUC negocian y se desmovilizan. El Estado empuja a las FARC a sus retaguardias (2005 -2012)


La artista seleccionó una serie de materiales textuales y visuales correspondientes a cada etapa, para luego comenzar un proceso de experimentación gráfica, superponiendo textos, fotografías y símbolos, jugando con los errores y la calidad de las imágenes originales, y construyendo una resignificación con estilo propio a partir de los elementos visuales encontrados.


Como resultado de este trabajo, Milena creó una serie de carteles con los que realizó intervenciones en el espacio público y elaboró un fanzine que recopila parte de su producción durante la residencia, a modo de documentación de su proceso, experimentando a partir de este formato de publicación.


Como forma de expandir este proyecto, la web https://bajosospecha.platohedro.org/ recoge material gráfico de cada una de las etapas junto con links a fuentes documentales, buscando compartir los conocimientos adquiridos y ofrecer formas de ampliar el acceso a las fuentes consultadas.


La residencia fue realizada en modalidad semi-presencial, contando con un espacio de trabajo en Platohedro y realizando encuentros periódicos de asesoría y acompañamiento curatorial y en comunicaciones.

Proyecto apoyado por el Ministerio de Cultura, Programa Nacional de Concertación Cultural.



La importancia de la memoria

María Collado

Detenida
en el río translúcido
del viento, por otro nombre, amor,
la llamaría
el corazón.
Nada queda en el sitio
de su perfume. Nadie
puede creer, creería,
que aquí estuvo la rosa
en otro tiempo.
Sólo yo sé que si la mano
deslizo por el aire, todavía
me hieren sus espinas.

Ausencia de la rosa - Meira Delmar


Podríamos entender la memoria como un dispositivo de almacenamiento de vida en el que las partes que hemos almacenado han sido ordenadas meticulosamente. Dependiendo de quiénes seamos, de dónde provengamos, de nuestro historial de vida o cómo hayamos aprendido a relacionarnos, decidimos, consciente e inconscientemente, qué queremos recordar y cómo. La memoria es selectiva y cada persona añade, elimina y corrige voluntariamente, involuntariamente o incluso por antojo, todo cuanto decide almacenar, su orden y su clasificación.

Con el tiempo la memoria individual es modificada. A veces por voluntades caprichosas que prefieren recordar tan solo lo que ha causado satisfacción, otras veces por instinto de supervivencia. Recordar puede ser algo demasiado doloroso.

La memoria, como un dispositivo de producción de presente, pasado y futuro, se amplifica y cobra sentido cuando es colectiva. La memoria más acertada es aquella que se construye mediante fuentes múltiples y diversas, relatos que se inscriben en nuestras mentes, en nuestros cuerpos, en los espacios que habitamos, en la tierra, en la atmósfera, en la piel. Cuando la memoria es colectiva, es un todo híbrido, mutable y ampliable, en el que cada pieza es válida: las voces, los sonidos, las huellas en los espacios... Pensar que la Historia de los manuales (la que se escribe con mayúsculas) es objetiva, resulta cruelmente inocente.
La memoria colectiva es la suma de todas nuestras memorias, una historia tan irremediablemente imperfecta como necesaria. Es en la suma de todas las memorias, donde podemos acercarnos a los hechos más veraces, es en la inclusión de todos los relatos, donde podemos construir una historia que nos acerque a lo que inevitablemente sucedió, y aún más inevitable será la interpretación, sometida al filtro de nuestras subjetividades.
La memoria, tan cruel a veces, hace que invoquemos al olvido: una trampa, un pacto que no permite el perdón, ni el cambio, ni el aprendizaje. El olvido colectivo es un imposible, pero la memoria múltiple, diversa y caleidoscópica, permite generar grietas, posibilidades y claves para encontrar respuestas.

Medellín es una ciudad con una memoria terrible. Terrible por sus violencias, terrible por la terrible búsqueda del olvido y por la necesidad de reparación. Las calles de Medellín hablan a través de sus ladrillos, de sus suelos teñidos a veces con gotas de sangre, con musgo, con papelinas; hablan a través de hermosos ante-jardines, de esquinas con restos de acontecimientos sin testigos, de presencias no relatadas, del ritmo intrépido de la vida y su voltaje. Pero sobre todo, las calles de Medellín hablan a través de paredes intervenidas.

Estas paredes rasgadas, pintadas, empapeladas, son relatos que hacen parte de la memoria colectiva, donde el tiempo tiene otro ritmo diferente a los stories y posts del abismo al que hoy día nos somete la instantaneidad de las redes sociales. Somos consumidorxs de presente inmediato y víctimas del rastro de aquello que comunicamos en los media. Sin embargo, el tiempo en los muros de ladrillo corre de otro modo y nos permite reflexionar de una manera más amable, consecuente e introspectiva. Los muros de Medellín son archivos de memoria colectiva, sus imágenes: documentos; y leerlos, es un ejercicio de recuperación y re-interpretación, un pacto que dice NO al olvido.

Milena C, hace una acupuntura personal a los archivos de la Historia de Colombia, un rescate a los acontecimientos clave del conflicto interno armado, una llamada a la construcción de esa memoria múltiple y caleidoscópica. Esta memoria ampliada y abstracta que Milena inscribe en los muros de Medellín, en sus imágenes intervenidas y publicaciones, es un llamado a la creación de otros imaginarios, a la búsqueda de la herida que podría ser sanada, una provocación a reflexionar, una recuperación del relato múltiple de la memoria y de la historia colombiana.
En estos tiempos, en los que las calles de Medellín, de todas las ciudades y pueblos de Colombia, reclaman sus derechos fundamentales, en estos tiempos en los que lxs jóvenes viven los estragos de un conflicto que las parió y que no se hizo responsable de ellxs. En estos tiempos crueles, reveladores y rebeldes, la memoria, su tratado y recuperación, han de ser parte del gran pacto, en el que la Historia (con mayúsculas) nacional esté bajo sospecha y en el que todas las voces reconstruyan una memoria que permita resignificar y aportar a la construcción del Buen Vivir para todxs.

Agradecimientos

Periferia Prensa Alternativa

Biblioteca Pública Piloto


Coordinación de la residencia

Luciana Fleischman

Acompañamiento curatorial

María Collado

Comunicación y Diseño web

Juan Jaramillo



Apoyo